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Villa Epecuén

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Qué hicimos?

Algunos meses atrás uno de nuestros lectores nos contó sobre las ruinas de Villa Epecuén, una ciudad que quedó bajo el agua durante 20 años y recientemente quedó descubierta a causa de una sequía. Bastó buscar algunas fotos en Internet para darnos cuenta de que teníamos que visitar el lugar.

Las ruinas de Villa Epecuén se encuentran ubicadas a orillas de la Laguna Epecuén, en el suroeste de la Provincia de Buenos Aires, en el partido de Adolfo Alsina. La ciudad mas cercana es Carhué que también está a orillas de la laguna y se encuentra aproximadamente a 550Km de la ciudad de Buenos Aires. No había ningún fin de semana largo cerca, así que teníamos que ir y volver durante el sábado y domingo, se ve que nuestra (mala) tendencia a querer hacer muchas cosas en poco tiempo todavía sigue firme.

Partimos desde Buenos Aires a las 05:00 siguiendo la ruta que nos sugirió el sitio Ruta 0, hicimos el viaje de un tirón parando solo para cargar combustible.
Durante la madrugada hubo niebla en algunos tramos del camino lo que nos demoró un poco, llegamos a Carhué alrededor de las 12:30.

Carhué (o Termas de Carhué) es una ciudad ubicada a orillas de la Laguna Epecuén a escasos 12 Km de las ruinas de Villa Epecuén, Carhué está preparada para recibir turistas: tiene hoteles, spas, campings y balnearios. Lamentablemente no pudimos recorrer los distintos lugares de la ciudad por falta de tiempo.

Nos instalamos en el Camping Lavalle que esta cercano a la orilla de la laguna, además de espacio de acampe tiene cabañas, pileta, proveduría, vigilancia, luces nocturnas y enchufes eléctricos. El camping estaba muy bien cuidado y limpio, y la gente del lugar nos trató muy bien. El costo por carpa es de $25 y además $5 por cada persona, no nos cobraron por dejar el auto dentro del camping. El sector de acampe estaba vacío así que pudimos elegir el lugar que mas nos gustó.

El día estaba nublado y había pronóstico de lluvia para la noche así que nos apresuramos a armar la carpa y pedir indicaciones para llegar a las ruinas de Villa Epecuén.
El camino es de tierra y está señalizado con carteles azules de la Secretaría de Turismo de Carhué, aún así nos perdimos y nos tomó un rato encontrar la entrada a Villa Epecuén.




Un poco de historia...

A mitad del siglo pasado Villa Epecuén estaba en su apogeo, con un perfil de ciudad turística cuyo principal atractivo eran las aguas termales de la Laguna Epecuén.

El agua de la laguna tenía una concentración de sales y minerales que la hacían beneficiosa para tratar el reuma y otras dolencias. La laguna es la última en el sistema de lagunas encadenadas del oeste de la Provincia de Buenos Aires, esto producía que su nivel variara de acuerdo al caudal de agua proveniente de las lagunas que se encuentran al norte, para mejorar esta cuestión se realizaron obras hídricas que permitieron el ingreso de aguas provenientes de otras provincias al sistema.

Las cosas anduvieron bien hasta que hubo una temporada de inundaciones y el agua excedente de las demás lagunas llegó hasta la Laguna Epecuén. Sin otro lugar a donde ir, el agua hizo subir el nivel de la laguna, este aumento del nivel rompió parte de un terraplén que la contenía.

Del otro lado del terraplén estaba Villa Epecuén, que con el correr de los días fue cubriendose de agua hasta quedar inhabitable.

Cerca de las 14:00 llegamos a la estación de tren Lago Epecuén, allí comienza un antiguo camino de pavimento, ahora en mal estado y con baches, que era la entrada a Villa Epecuén.
La estación está abandonada pero todavía se mantiene en pie. Está cercada por un alambrado que da la señal de que no se puede ingresar, pero luego de tanto viaje no pudimos resistir el impulso y entramos a curiosear.

La vista de la estación abandonada, con el viejo camino de pavimento surcado por enormes y antiguos árboles que se pierden en el horizonte, sumado al cielo nublado y plomizo que acompañaba el aire frío del invierno, producía una sensación melancólica muy notable. Era el preludio adecuado de lo que estaba por venir.

Continuamos por el camino de pavimento, hasta que llegamos al borde exterior de las ruinas. Se ven manzanas y calles, pero en lugar de casas solo hay escombros. Mas adelante algunas paredes todavía en pie y mas allá algunas casas que aún se conservan.
El silencio del lugar acentuaba todavía mas la sensación de desolación. Nos adentramos en lo que fue la Villa hasta llegar a la orilla del Lago Epecuén, la vista es impactante sin importar hacia donde se mire. Las calles continuan hacia el interior de la laguna y de a poco se van llenando de agua, primero cubriendo el pavimento, luego las veredas y finalmente las construcciones que aún están en pie.
La Secretaría de Turismo dispuso carteles en lugares donde estuvieron algunas edificaciones notables, allí muestran fotos de cómo era ese lugar en su momento y queda por cuenta del visitante imaginar cómo era construcción original mirándo lo que quedó de ella.

Otros protagonistas del paisaje son los árboles que tal vez se conservaron por la alta cantidad de sal que contiene el agua de la laguna. Los troncos tienen cierto tono blanquesino y una textura extraña, como cubiertos por una tela blanca, muy suave, que sede a la presión de los dedos.
Además el avance del agua hizo que queden gran parte de las raices al descubierto, lo cual hace que los árboles aparenten estar parados sobre sus pies.

Durante la tarde nos dedicamos a deambular por las ruinas, descubriendo y encontrando un sinfín de lugares y vistas, parecidas pero distintas, que invitaban a imaginar las respuestas a preguntas como: Qué había acá? Hasta dónde llegaba? Era un jardín?, etc.

Cuando comenzó a oscurecer, el lugar tomo otro tono mas sombrío y solitario de lo que era durante el día.

Nos hubiera encantado quedarnos pero habíamos dejado la carpa en Carhué y además no estabamos seguros de cual era el camino que llevaba de vuelta al camping. Dimos unas vueltas mas por el lugar con la esperanza de poder volver al día siguiente con el alba.

Durante la noche comenzó a llover y así siguió hasta casi el mediodía, no podíamos volver a las ruinas de Villa Epecuén porque seguramente el camino de tierra no estaba en condiciones y teníamos un auto de ciudad. Así que desarmamos la carpa bajo la lluvia y comenzamos el viaje de vuelta. La lluvia nos acompañó una buena parte del regreso hasta que logramos dejarla atrás.



Algunos comentarios

Las ruinas nos produjo cierta fascinación, es muy distinto a todos los lugares donde estuvimos antes. Nos quedamos con ganas de estar mas tiempo, recorrerlas mejor, hasta llevar un bote y meternos por las calles de agua. Otra cosa que nos hubiera gustado es haber podido recorrer Carhué, ver sus instalaciones termales, los balnearios y el impácto que produjo la reciente sequía en el lugar.
Tal vez la próxima visita podamos hacerla con mas tiempo.




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